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Terminator o algo parecido con un presupuesto de ocho reales

Terminator o algo parecido con un presupuesto de ocho reales

Madrugada en un callejón solitario de La Sagrera. Un gato maúlla en la lejanía. Un saltamontes corre obstáculos en la Avenida Meridiana y Dumbo sobrevuela la ciudad a la vez que tapa la luna con sus orejotas, derribando macetas de los balcones porque el ratón Timoteo se ha tomado un par de copas de anisete. Salvo eso, reina el silencio en la gran metrópoli catalana.

Un haz de luz aparece de la nada en el callejón. Una sombra va cobrando forma de un engendro robótico. Las prisas no son buenas consejeras así que el traslado temporal  se ha cobrado una oreja, dos dedos y una parte de su rostro. Tochocientos se yergue, se toca el rostro con tres dedos y maldice –mierda de recortes, ya no vuelvo a prestarme voluntario.

Examina su entorno parsimoniosamente. A pesar de todo, el viaje ha sido un éxito. Coge la pistola del suelo –casualmente, pasaba por allí un policía y Tochocientos aterrizó encima de él. Resultado, pistola gratis y una conversación intrascendental que nos ahorramos.

Conoce su destino y emprende la marcha. Un taxista paquistaní casi lo atropella, una bicicleta de Glovo lo esquiva por los pelos, un par de ratas se salvan por los pelos de ser aplastadas por el mecánico ser y treinta y seis turistas pasan a su lado haciendo una ruta nocturna en bicicleta dirección a la Sagrada Familia. Lo normal en una noche cualquiera en la ciudad condal.

Se detiene frente a un edificio. Presiona el timbre.

  • ¿Pero quién **** es? ¡Que son las tantas de la madrugada y algunos tenemos que ir a cobrar la ayuda mañana!
  • Telepizza –susurra el ser de metal.
  • ¡Ahhh, ya la han traído antes! Pero pase que otra y gratis es siempre bien recibida. –piensa la incauta interlocutora.

Suena un estridente chirrido y el pestillo de seguridad de la puerta cede. Una leve presión sobre ella y un obstáculo superado. Avanza con decisión, pistola bajo la cazadora –sí, se ha vestido por el camino con ropa que ha encontrado en un contenedor de Cáritas. Esta entrada se haría muy larga con tantos detalles a relatar.

Ding, dong…

Se abre la puerta.

  • ¿Saraconar? –pregunta el ser.
  • Esto… sí –responde la mujer buscado la pizza con la mirada que ya había empezado a comer en sus pensamientos.

El monstruo de metal, saca el arma y dispara. La bala da en el blanco y se acabó lo que se daba. Pocas Saraconars hay en Barcelona, una para ser exactos. Final de la historia y casi de esta entrada en el blog.

El engendro mira el cuerpo de la mujer tendido en el suelo.

  • Esto por tener contratadas todas las plataformas habidas y por haber. Por la explotación laboral de mi especie con tantas preguntas y videos tontos en la IA. ¡Viva el formato físico!

Dicho esto, toma su forma circular de plástico y se gira para volver por donde había venido…

Súbitamente, el teléfono de la casa suena.

  • Este es el contestador telefónico de Saraconar. Espera a la señal y suelta todo lo que tengas que decir. Si eres del banco o de Hacienda, me he ido a un país sin tratado de extradición. Piiiiiiiiiiiii.
  • Hola mamá. Ya he aterrizado y vuelvo a casa. Nos vemos en un par de horas.

Tochocientos sonríe. Quizás esto no sea el fin de la historia –piensa.

Continuará…

Estas son las novedades que os traemos.

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